viernes, 1 de marzo de 2019

El mirador: entrevista a Mario Bergara

Por Eduardo Briganti (entrevista en programa radial El mirador, de Fm del Carmen)

Nace por mayo de 1965, contador público, economista, profesor y político.
Fue presidente del Banco Central entre 2015 y 2018, cargo que también ocupó entre 2008 y 2013 y con anterioridad fue Ministro de Economía y Finanzas de 2013 a 2015. Subsecretario de Economía y Finanzas de 2005 a 2008. Actualmente es pre candidato a presidente por el Frente Amplio de cara a las elecciones internas que se llevarán a cabo en el mes de junio.


Mario Bergara junto a Eduardo Briganti, exhibiendo el Diario Periscopio, donde es parte de la portada.


¿A qué escuela fuiste?

A la 137 de segundo grado, María Noya, en Industria (actualmente Serrato), a dos cuadras de General Flores. Yo vivía en el Cerrito de la Victoria, en Gral. Flores y Santiago Sierra. Allí viví hasta los veintidós años más o menos.

¿Hincha de qué cuadro de la zona?

Me tiraba un poco más Cerrito que Rentistas, pero sin mayor fanatismo. Iba mucho al fútbol y al basquetbol, porque mi padre, además de ser bancario, era periodista deportivo.

Y en básquetbol, ¿hincha de qué cuadro?

Era de Peñarol, hasta que vino Damiani padre con la excusa absurda del déficit. Lo que pasa es que Damiani era de Sporting.

Y jugando al fútbol, ¿cómo eras?

Me defendía pero no destacaba en absoluto. De hecho cuando yo ya estaba en el banco República, y después en el Central, en los campeonatos internos del Club Banco República, y en la selección del Banco Central, jugaba y era back izquierdo, a pesar de que era derecho.

¿Cómo fue tu infancia?

La verdad que fue una infancia linda, sin ninguna riqueza, ninguna holgura, pero una infancia linda. Íbamos con mi hermano a la Escuela 137, y después fuimos al Liceo 26. En aquel momento se llamaba Instituto Acosta y Lara Díaz. Hace un año y algo tuve el gusto de volver al liceo en el momento en que se le cambio el nombre. Ahora se llama Líber Falco, que fue un poeta de la zona mucho más querido y recordado. Y también volví a la escuela cuando fui ministro. Había un programa de televisión educativa que dirigía María Inés Obaldía, que se llamaba Visita Guiada, y consistía en que gente más o menos conocida, que había ido a la Escuela Pública, volvía muchos años después a la misma escuela. Te recibían los chiquilines y te hacían la recorrida. Y la verdad que vi cosas lindas, vi una escuela que en toda la parte de infraestructura de salones, de pizarrones, de baños, de merenderos (incluso se estaba haciendo un gimnasio que después se inauguró), lo vi bastante mejor que en la época que yo iba.

Empieza la etapa de la facultad, una etapa muy fermental, y allí tu vida comienza a relacionarse políticamente.

Así es, en realidad ya estando en el liceo viste que uno tiene esos grupos de amigos, en quinto, sexto de liceo, que hacés todo juntos. Y bueno, ahí teníamos un grupito interesado por los temas de la política, y arrastrados por una compañera tuvimos algunas actividades de militancia. Recuerdo allá por el 81, 82, lo que eran las juntadas de firmas contra el examen de ingreso de la Universidad, y después también la militancia hacia el 82 con el voto en blanco por el Frente (Amplio). Era como las primeras armas, a veces un poco inconscientes de los riesgos que tomábamos. Después en el 83 entré a Facultad, y me vinculé de manera más formal tanto a la parte gremial como política. Todavía eran tiempos difíciles, porque quizá uno pueda pensar que en el 83, 84, era el final de la dictadura, pero a mitad del 83 por ejemplo, hay una caída importante de compañeros nuestros de la Juventud Comunista de la Universidad.

Los últimos coletazos fueron tremendos…

Muy duros, la pasaron muy mal. Y bueno, ahí yo ya empecé a militar en forma más cercana a los comunistas, y me afilié a la Juventud Comunista a principios del 84.

Allí existía esa reverencia que surge hacia uno de los grandes líderes del FA que fue Líber Seregni.

Sin dudas, Seregni era el político simbólico de la dictadura, tanto para los que estábamos acá como para todas las campañas contra la dictadura en el exterior.
Yo estuve aquella tarde en aquel balcón de Bulevar y Bulevar, ya con la información de que iban a liberar a Líber Seregni. Y esa fue una tarde inolvidable.
Después militando en el Partido Comunista, representaba al Partido en una comisión central del Frente Amplio que le decían la Comisión de Entes. Y como éramos seis grupos y había que coordinar con la mesa política, nos repartíamos el año entre los seis, entonces íbamos dos meses cada grupo a la mesa política a informar sobre lo que pasaba en los entes y demás. Así interactué más personalmente con Seregni. Realmente era serio estar ahí.
Ya que hablamos de Seregni me gustaría comentarte lo siguiente. Yo trabajaba en el Banco Central desde el año 90 y en el año 94 me fui a hacer estudios de posgrado al exterior, a California, en una universidad en Berkley, que es un poco como la izquierda en EE.UU. Estando allá, en el 96 es cuando el General Seregni renuncia a la presidencia del FA. Y yo dije que cuando volviera a Uruguay, iba a integrarme al Centro de Estudios 1815, que armó Seregni. Y lo armó en el convencimiento de que el FA iba a ser gobierno, y que desde su centro de estudios él tenía que ayudar a moldear la cabeza de los frenteamplistas en clave de gobierno. Y bueno, volví en el 98, me integré al Centro de Estudios, y ahí tuve un vínculo con Seregni muy especial, muy privilegiado, hasta su fallecimiento. Fueron años increíbles de un vínculo permanente con el General, con Lilí, que lo llevo en el calorcito del corazón, porque son cosas inolvidables.

Has venido trabajando dentro del FA en cargos importantes, presidente del Banco Central, Ministro de Economía, estamos hablando de la guía económica de un país.

Sí, tuve el privilegio de estar trece años y medio de manera ininterrumpida en el equipo económico de gobierno, trabajando con Astori, con Fernando Lorenzo en su momento, y fue una experiencia increíble. Desde 2005 estaba en el Ministerio como Sub Secretario de Danilo, después en el 2008 pasé a la presidencia del Banco Central, después estuve un año y algo de ministro y volví al Banco Central.

¿Cómo viene esto de la precandidatura, que es algo nuevo para vos, pero además es un reto importante para el Frente Amplio?

Es novedoso para el Frente Amplio. Tenemos que cambiar la rueda del auto con el auto en marcha, porque hay que seguir gobernando, procurando mejoras en el bienestar, en la equidad, en los derechos, pero a la vez hay que hacer un proceso de renovación, que no es solo renovar los líderes.
La agenda de estos tres gobiernos básicamente ya está implementada, pero hay un mundo que está cambiando sustancialmente. Tenemos un mundo en que las relaciones geopolíticas, EE. UU., China, Rusia, son una calamidad, o sea, son riesgos todos los días, grados de incertidumbre, que afectan el comercio, los movimientos financieros, las relaciones políticas. Una región que no tiene nada que ver con la que había cuando el FA empezó a gobernar. Allá por 2004 o 2005 tenías una región desde el punto de vista económico con un horizonte muy pujante por los precios altos internacionales, y un conjunto importante de experiencias políticas progresistas o de izquierda. Hoy, en el punto de vista económico la región está atravesando dificultades serias, y a su vez hay un cúmulo de gobiernos de orientación de derecha en varios países de América Latina que dan un panorama completamente distinto.
Y a mí me gusta enfatizar también que el mundo está cambiando de manera drástica por la tecnología. La dinámica tecnológica está desafiando nuestras relaciones laborales, sociales, interpersonales, desafía las políticas públicas, el mercado laboral, y todo eso nos obliga a ver el mundo de una manera renovada, porque tenemos que actuar sobre un mundo muy distinto. Hay políticas que tienen que atacar problemas nuevos.
El FA en estos trece años y medio sin duda implementó múltiples transformaciones estructurales. Hoy el país vive en un escalón de bienestar, de equidad y de derechos más alto que hace diez o quince años, pero eso no quiere decir que lo hayamos hecho todo bien ni mucho menos. Tenemos cosas pendientes, cosas importantes a mitad de camino, y a su vez reitero, hay problemáticas nuevas, por ejemplo en el terreno del empleo, derivado de la cuestión tecnológica.
En ese contexto sí, también hay que renovar los liderazgos, y nosotros concebimos todo el proceso electoral como parte del proceso de renovación. En el proceso electoral, no solamente elegiremos un candidato o una candidata, no solamente impulsaremos el cuarto gobierno del FA en octubre y noviembre, si no que también los frenteamplistas darán sus señales de renovación, o sea, de qué FA quieren, qué nueva estructura de liderazgo quieren. Creo además que como la elección está muy reñida, la campaña va a ser muy importante, por eso un primer paso que a mí me parece crucial es que haya muchos votos frenteamplistas en la interna. Si no logramos eso va a ser más complicado.

Dos problemas que esgrime la oposición son la seguridad y el empleo. ¿Cómo piensan apuntar a esa parte?

Vamos a los dos temas. El primero que tú manejas, el de la seguridad. Ahí yo creo que tenemos resultados insatisfactorios por varias razones, pero quiero arrancar con lo que se ha hecho. Y se ha hecho mucha cosa en materia de seguridad. Ha habido una reforma estructural en el Ministerio del Interior, con tecnología, con infraestructura, con capacitación policial, con inteligencia, ha aumentado la eficiencia policial, ha mejorado incluso la percepción ciudadana de la Policía. También está claro que el proceso de Ley y Orden, que no es solo la Policía, que involucra a la Fiscalía y a la Justicia, ha mostrado descoordinaciones, sobretodo cuando se aprobó el nuevo Código del Proceso Penal, que desnudó esas descoordinaciones.
Yo creo que el nuevo Código reordena roles, asigna a la Fiscalía un rol más preponderante, y por lo tanto separa del proceso a la Justicia para que después actúe con más independencia. Ha habido una mayor coordinación en los últimos tiempos entre Fiscalía y Policía, pero está claro que los resultados no son satisfactorios. 
También es porque hay nuevas modalidades de delito. Ha aterrizado el narco, hay ajustes de cuenta, vienen los narcos y te sacan de tu casa, o copan un edificio y lo transforman en base de operaciones. Esas cosas hace ocho o diez años no las veías. 
Pero yo quiero también tener una palabra autocrítica del enfoque de los temas de Seguridad. Uno tiene que tener el balance entre atacar las razones, las causas sociales del delito, pero también reprimir la delincuencia. Y yo creo que ese equilibrio cuando arrancó el FA no lo teníamos, ese balance estaba desequilibrado, quizá porque la palabra represión nos revolvía el estómago, porque la asociábamos a otras épocas políticas. Nos llevó bastante tiempo ir recomponiendo ese equilibrio. Y recién en esta última etapa hemos tenido estos operativos más contundentes, más coordinados de Fiscalía con la Policía, y que también vienen acompañados con un discurso diferente, con un relato de política mucho más equilibrado donde se le pone más énfasis a la necesidad de reprimir la delincuencia. Sin irnos a extremos absurdos, porque sabemos que cadenas perpetuas y militarización no son la solución en ningún lado, pero creo que la sociedad misma estaba reclamando una tesitura más contundente.




Como tú lo mencionabas, los procedimientos de la delincuencia se han ido sofisticando, y la policía no venía muy bien preparada...

No tenían tecnología, las armas no tenían balas, los salarios eran paupérrimos, les faltaba capacitación. Ha habido un cambio sustancial.
Hay otra faceta de la seguridad también, que tiene que ver con la privación de libertad y la rehabilitación. Y también recién en el último tiempo estamos teniendo alguna política incipiente de privación de libertad que apunte a una rehabilitación. Por ejemplo el Polo Industrial del Comcar que inició Jaime Saavedra, y algunas acciones que ahora también se hacen desde la Dirección Nacional del Liberado que Jaime ahora dirige, que parten de una filosofía muy sencilla que es, la gente está privada de libertad, pero tiene que tener una vida lo más normal posible, tiene que poder moverse durante el día, tener preocupaciones, tener una rutina, trabajo, y eso también va a ayudar a que la privación de libertad no sea una escuela de delincuencia.
El otro aspecto que tú mencionabas es el tema del empleo, que es una preocupación de los uruguayos y las uruguayas en los últimos dos o tres años. Porque en la década previa, en los gobiernos del FA, se crearon trescientos mil puestos de trabajo, y por lo tanto el tema del empleo no figuraba entre las principales preocupaciones. En los últimos tres años los puestos de trabajo cayeron unos cuarenta y cinco mil. Y ahí hay una preocupación clara, y hay cosas circunstanciales, una economía global y regional más fría, la regional incluso muy mala, con flujos de inversiones mucho más débiles, entonces hay menos demandas de algunas industrias. Por ejemplo, la industria de la construcción. De los cuarenta y cinco mil puestos de trabajo que cayeron, treinta son de la construcción. Es cierto que la industria de la construcción estaba en las nubes, estaba totalmente sobre demandada hace cuatro años. A ese nivel seguramente no se va a llegar, pero puede haber un repunte ahora con un poco más de obra pública, con UPM 2, etc.
Pero después lo que me parece más estructural es el desafío del mercado laboral derivado de los cambios en la tecnología, que en realidad lo que está cambiando es, qué y cómo producimos, qué empleos van a ser necesarios y qué empleos van a ir quedando en el pasado, qué capacidades tienen que tener los trabajadores y las trabajadoras, qué capacidades tiene que proveer el sistema educativo, cómo cambian las formas en que se organizan los mercados, cómo cambian las relaciones laborales, cómo se desafían las políticas públicas. Las que no logramos hacer del todo bien, pero incluso algunas que nos salieron bien, como las relaciones laborales, ya que en los gobiernos del Frente Amplio la economía creció y el salario real también. En los noventa eso no pasaba, crecía la economía y el salario real no.
Yo creo que en materia laboral, uno de los buques insignia del gobierno próximo tiene que ser que las políticas públicas ayuden a trabajadores y trabajadoras que tienen sus empleos desafiados por la tecnología, a adaptarse rápidamente a empleos que van a tener oportunidades. Porque no es que esta dinámica tecnológica solo desplace empleos, no, genera una nueva estructura, hay empleos que se quedan obsoletos y otros que se potencian y van a ser exitosos.
Y bueno, la clave es cómo ayudamos a esa transición. La vida del hombre, y el bienestar del hombre, desde las cavernas hasta acá, ha sido la dinámica de la tecnología.

La Revolución Industrial fue mal vista en una época…

Mirá qué buen punto tomás. En la primera Revolución Industrial, que no se veía el potencial de lo que esto generaba, del bienestar, si no el desplazamiento de los trabajadores, la actitud de muchos trabajadores era romper las máquinas. Ahora aunque quisiéramos no hay máquinas para romper, porque toda esta tecnología está en la nube. La bajamos inocentemente en nuestros celulares, en nuestras computadoras. O sea que ni siquiera tenemos la chance de decir "vamos a frenar esto". Son tendencias tecnológicas ineludibles. Por eso lo mejor que podemos hacer es entender lo que está pasando, y ver qué problemas genera, qué oportunidades genera, y creo que una política muy importante del próximo gobierno es la recapacitación, la recalificación, la adaptación de los trabajadores al nuevo mundo. Este es un desafío en todos los países del mundo. El Uruguay mejor preparado que muchos países, porque tiene una base desde el Plan Ceibal, una base de acercamiento a la tecnología, al pensamiento comunicacional.
Obviamente hay un desafío al sistema educativo, hay que hacer una reforma curricular, pedagógica, o sea, de cómo se enseña basado en la tecnología, en proyectos, en robótica, como ya se está haciendo, pero hay que hacerlo de manera mucho más generalizada. Esto es un desafío para los docentes también. Pero por ahí el Uruguay tiene un futuro interesante. Hay que ayudar a los trabajadores que tienen sus empleos desafiados por la tecnología, a recapacitarse, a recalificarse para empleos que sí tienen potencialidad, oportunidad, futuro. 
Por ejemplo nosotros tenemos una herramienta que es el Inefop, que es su momento estuvo más bien pensado para capacitar desempleados (era una época en la que el desempleo estaba muy alto). Cuando el desempleo se fue a niveles muy bajos, el Inefop perdió clientela, pero yo creo que ahora hay un cambio de chip que tenemos que potenciar y es que el Inefop no solo tiene que capacitar desempleados, tiene que capacitar trabajadores y trabajadoras en actividad que tengan sus empleos desafiados por la tecnología.
Ya está empezando a financiar acuerdos que surgen de los Consejos de Salarios entre trabajadores y empleadores con esa perspectiva, pero eso hay que potenciarlo mucho más y hay que dotarlo de presupuestos significativos. El Inefop tiene dinero, porque en todo este tiempo que no había ejecutado mucho fue acumulando.  
Yo creo que ahí hay un eje de política fundamental, porque la incorporación de la robótica y la automatización va a mejorar la productividad, la eficiencia, el bienestar, pero entonces, nadie puede quedar por el camino. Son dos enfoques del tema tecnológico. Uno es decir, "incorporá la tecnología, vamos a crecer, vamos a vender, y al que le va bien le va bien, y al que le va mal le va mal", y el otro es un enfoque de izquierda, "aprovechemos la tecnología, mejoremos el bienestar, pero que nadie quede por el camino".

En esta zona hay un grado de deserción muy importante, y el Inefop ha sido una posibilidad para muchos de los chicos, porque les facilita el boleto, que es uno de los impedimentos que muchas veces tienen los jóvenes, y además han salido con trabajo. Entonces nosotros desde la radio siempre estamos difundiendo a Inefop.

Esto hay que informarlo mucho porque yo creo que en buena medida el futuro del Uruguay pasa por esa vía.

Para estos barrios, ¿qué novedades se trae? Porque estamos hablando de zonas que son las primeras en sufrir las crisis.

Yo creo que el FA ha puesto un foco en los temas de la equidad y ha generado y orientado inversiones en el sentido ciudadano para mejorar en el terreno educativo. Muchas escuelas y liceos nuevos en esta zona. También ha habido programas. Creo que la base del asunto siempre arranca en la educación, porque es lo que le va a dar las herramientas a los chiquilines para revolverse mejor en el mundo.
Ha habido algunos programas que funcionaron y otros que no, en este terreno, en donde claramente la deserción sobre todo en secundaria es demasiado alta, y más alta que en otras zonas del país y de la ciudad. Ha habido algunos programas que creo que sí han funcionado, sobre todo en Primaria, el tema de maestros comunitarios, porque a veces al sistema educativo se le pide también que compense falencias sociales o familiares.  
Yo iba a la escuela de Gral. Flores y Serrato, y tenía compañeros con situaciones económicas más complicadas que la mía, pero había una contextualización social y familiar que hacía que las problemáticas no explotaran. Creo que hoy hay varios barrios donde hay problemas que tienen que ver más con lo familiar y lo social. A veces se subestima el impacto de lo que fue la crisis del 2002 en lo cultural y en lo social. Y el sistema educativo tiene que operar en ese contexto, bastante más difícil y desafiante. A veces se le pide a las maestras o a los profesores que compensen cosas que los chiquilines no tienen en sus hogares o en sus contextos familiares.

Y a veces tampoco es el estado el que tiene que proporcionar las soluciones, porque son situaciones que se van de las manos…

Hay que ayudar, porque el Estado tiene que asumir que la situación es distinta, pero es un desafío más grande. Creo también que habido infraestructuras nuevas, ha habido programas para atender más eso, pero ese es un desafío en donde todavía no tenemos los resultados potentes. Pero tenemos señales buenas. Hoy hablábamos del Plan Ceibal y de robótica, fijate que hoy hacen robótica chiquilines de liceo de barrios carenciados, y han ganado premios a nivel internacional. El Tala, Casavalle, Caraguatá, o sea, ¿quién iba a pensar que chiquilines de trece o catorce años en liceos de barrios carenciados estuvieran construyendo robots? Esa es la línea de trabajo que tenemos que seguir potenciando. El Plan Ceibal es una cuestión democratizadora enorme, hay acceso, conectividad, vínculo con lo computacional, que es el mundo que se viene, en todos los hogares del país.

Se cortó con aquella brecha gigantezca donde en los recreos estaba el chico que tenía la computadora y sabía de tal o cual actividad, y el otro que lo miraba de lejos porque no podía intervenir en la conversación. Hoy todos los chicos se integran.

Coincido totalmente. Sin duda hay mucho por potenciar en el uso de la informática y las computadoras, y la conectividad en el proceso educativo, que yo creo se que está sub aprovechado, pero aún así, que los chiquilines tengan sus computadoras, sus laptops, sus tablets o sus celulares en sus casas, ya es otro mundo.

La deserción también se ha dado en parte por métodos que han quedado muy lejos…

Sí, en el acierto o en el error cuando les preguntan a los chiquilines por qué dejan el sistema educativo en secundaria, muchos te dicen que es porque sienten que les enseñan cosas que no les sirven para la vida. Y yo creo que el tema de la aproximación con la tecnología va en la dirección correcta. Está claro que sin tecnología uno en el mundo de hoy va a tener muchas menos oportunidades.

¿Cuál es tu pensamiento sobre los medios comunitarios, y qué se puede hacer para mejorarlos?

Mirá, te voy a contar algo: antes de los gobiernos del FA, yo integré el Directorio de la URSEC, la Unidad Reguladora de Comunicaciones. Creo que era el único frenteamplista en el gobierno de Batlle. Cuando se crea la URSEC, Batlle me llama y me dice: “Mire, yo sé que usted no me vota a mí y nunca me va a votar, pero a mí me dijeron que para esto yo lo tenía que llamar a usted”.
Estuve de 2001 a 2005, y fui de los que impulsó el diálogo con AMARC, porque había tendencias muy fuertes a la represión de las radios comunitarias. Avanzamos incluso con un proyecto de ley que implicaba un cierto nivel de regulación de radios comunitarias.
Y yo coincido con ese enfoque, de que tiene que haber medios estatales, medios comerciales, y también medios comunitarios. Que en el diseño de las autorizaciones uno va separando, porque también había en aquel momento radios que se llamaban comunitarias y lo que hacían era pasar propaganda todo el día.
Después vino sí una legislación de regulación de medios comunitarios. Yo ahí tomé un poco más de distancia de la temática, porque la verdad es que los temas económicos nos llevaban el día entero, te puedo asegurar.
Ni que hablar que cada espacio de medios de comunicación tiene su rol. El estatal tiene su rol, el comercial también y el comunitario sin dudas. El asunto es tenerlo bien claro en el diseño los límites de cada espacio, pero creo que es algo que se potencia, que en muchos barrios, en muchos pueblos en el interior, la radio comunitaria cumple un rol social, al no haber radios comerciales u otros medios. Yo creo que en ese contexto hay que potenciar la comunicación. Y más en el mundo de hoy, porque en aquel momento todavía costaba unos pesos más tener un canal de comunicación, pero ahora con el abaratamiento de la tecnología, y además con todo lo que se hace con Internet, creo que tener una tesitura represiva como había en aquellas épocas antes del 2000, ya no tiene sentido, porque la propia tecnología no te lo permite.
Así que yo creo que es una herramienta social. La comunicación es fundamental, diseminar información es fundamental, así que bueno, esas son cosas que hay que seguir potenciando.

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